sábado, 22 de septiembre de 2007

Capítulo 2: la búsqueda

Las semanas siguientes transcurrieron con mucho agetreo, porque no había mucha gente a la que le sedujera esto del fútbol. No obstante, habían conseguido convencer a Rilian, el hijo de Caspian, y a Lord Drinian, amigo de Caspian y de Rilian.
--Me parece que vamos a tener que buscar gente en Calormen, Archenland y todos esos sitios -dijo Lucía-.
--¿Y te crees que van a querer? -replicó Lord Drinian-.
--Los de Archenland sí -dijo Caspian-, o al menos eso creo.
Discutieron durante un largo tiempo la idea de acudir a Calormen, porque según ellos la mayoría de aquella gente eran unos descerebrados, pero después de discutir y discutir, no les quedó otra opción que hacerlo de aquella manera.
Así que, así lo hicieron. Se subieron en sus caballos y corrieron dirección Calormen para proponer la idea por allí, aunque no tenían lo que se dice muchas ganas. Tras correr unos cuantos días, pudieron llegar y entrar casi sin problemas, o al menos no tuvieron problemas hasta que llegaron cerca de Calormen. Sin embargo el problema llegó.
Cuando ya se acercaban a la meta, algo se cruzó en su camino, y todos vieron que era un gigante.
--¡En guardia pedazo idiotas! -dijo él al verles-.
--¡Idiota serás tú, ¿entiendes? -respondió Caspian desde la parte de atrás-.
--No me hables así, pedazo estúpido.
--No insultes a mi amigo -respondió Lord Drinian-.
--¿Y quién eres tú para mandarme, so feo? --Que te calles -dijo Rilian perdiendo un poco la paciencia.
--Vamos a batirnos, ¿de acuerdo? -preguntó el gigante a Caspian y desembainando su espada la dirigió hacia éste que con un certero movimiento de muñeca la pudo agarrar antes de que el gigante se la incrustara en el pecho.
--¿Eso es todo lo que sabes hacer? -preguntó Caspian en tono burlón-, pues vaya un gigante.
--Te exijo que no me faltes al respeto.
--Pues entonces apártate de mi camino, so pelmazo.
--No te pases de listo, porque te voy a decapitar aquí, delante de tus fieros amiguitos.
Esto último lo dijo, claro está, en tono irónico.
--Yo a ti te vi antes -le dijo Caspian al gigante-.
--¿Sí? ¿dónde? --En tu morada.
--¡Mentira! -rugió el gigante-.
--¿Cómo que mentira? -preguntó Pedro-.
--Basta ya de charla por favor, que tenemos prisa -dijo Rilian.
--Tú no te metas -le dijo firmemente el gigante-.
--Él se mete cuando quiera, que para eso es mi hijo.
--¿Tu hijo? ¿Él es tu hijo? --¿Y qué te importa? -dijo Caspian-.
Finalmente y sin poderse contener, Rilian asestó una estocada en el corazón del gigante que cayó a un lado haciendo temblar el suelo.
--¿Muerto? -preguntó Lucía-.
--Me parece que no -dijo Rilian-. Creo que está inconsciente.
Siguieron andando durante aproximadamente diez minutos, hasta que detrás de ellos surgió un vozarrón que les hizo extremecerse.
--Eh, ¿a dónde vais? --¿Y tú? -quiso saber Pedro-.
--Os lo pregunté yo primero -respondió el gigante que se había restablecido-, no nos hemos batido aún.
--Primero quiero que me respondas una cosa. ¿Por qué eres tan pesado? El gigante no hizo caso, pero tampoco se movió en absoluto y siguió contemplando a todos. Parecía que algo veía en ellos que no les quitaba la mirada de encima.
--¿Por qué tienes tanto interés en batirte con Caspian? -preguntó Rilian-.
--¿Caspian? -preguntó el gigante algo sorprendido-.
--Así me llamo -respondió él-.
--Pues que nombre tan ridículo. ¿Sabes si el día que te lo pusieron tu papi estaba borracho, o se había fumado algún purito de más? Esta vez todos perdieron el estribo, y se avalanzaron sobre el gigante sin embargo, Caspian les separó, o al menos, esa fue su intención.
--Tranquilos, no os preocupéis. A palabras necias oídos sordos ¿de acuerdo? Lo que quiere es que entremos en su juego para matarnos fácilmente y comernos cuando llegue a su castillo. Si os digo la verdad a mí no me importa, porque yo nunca hice caso de los insultos porque si no, ya estaría o bien muerto, o bien deprimido.
--Eres muy listo, Caspian -dijo el gigante-. Mi intención es exactamente la que has dicho, pero basta ya de hablar y comencemos de una vez.
--Bien, entonces -dijo Caspian-.
Todos se apartaron para contemplar la batalla entre los dos rivales y todos se pusieron detrás de la escena animando acaloradamente a Caspian, que con el calor de los suyos parecía amedrentarse por momentos.
Se sucedieron golpes de una espada contra la otra durante una media hora, hasta que el gigante al intentar esquivar un ataque enfurecido de Caspian, tropezó contra una piedra que sobresalía del pavimento, y cayó al suelo. Caspian le cogió entonces su espada mientras Pedro y los demás le animaban más fuerte que antes.
--Devuélveme la espada -exigió el gigante algo aterrado-.
--Ni hablar -replicó Caspian-.
--¿Es que no te han enseñado modales? -preguntó el gigante-, que avalanzándose sobre él, le arrebató las dos espadas y lo lanzó al suelo.
--Ahora eres tú quien no tiene espada, idiota.
Caspian no podía hablar, porque el gigante tenía su brazo alrededor del cuello de Caspian, y lo amenazaba con las espadas en una sola mano.
--Si vas a matarlo, luego tendrás que hacerlo conmigo -dijo casi llorando Edmundo-.
--Venga, Edmundo, hay que ser fuertes. Si hace falta lucharemos con él.
--Vosotros no haréis nada -dijo Rilian-.
--¿Por qué? -preguntó Lucía.
--Dejádmelo a mí -dijo Rilian-.
--Pero te va a matar -dijo Lord Drinian-.
--A ello me arriesgaré, mi Lord.
Y sin decir una palabra más se avalanzó sobre el gigante y sacando su espada le dio un fuerte golpe con la empuñadura de la misma, aunque el gigante ni se inmutó. Entretanto, éste seguía aferrando a Caspian por el cuello y no parecía tener intención de soltarlo.
--Suéltalo, y ahora mismo -ordenó Edmundo-.
Pero el gigante estaba fuera de sí. En la cara se le notaba una rabia contenida que nunca le habían visto a nadie, y daba miedo solo pensar en Caspian que ya empezaba a ponerse rojo.
Rilian intentó hacerle frente otra vez, pero fue inútil. Ya casi daban por perdido a Caspian, cuando los caballos empezaron a correr a toda prisa contra el gigante, y empezaron a cocearlo por todas partes hasta que dolorido el gigante soltó a Caspian y se dispuso a atacar a los caballos. Pero Rilian tuvo reflejos y le robó una vez más la espada con la ayuda de los caballos y decidido, se la clavó hasta la empuñadura en un costado.
El gigante se volvió a caer, y volvió a temblar la tierra. Esta vez si que estaba muerto, y sangraba por la herida hecha por la espada.
--¿Estás bien, Caspian? -preguntó Lord Drinian-.
--Algo dolorido, pero bien -respondió Caspian-.
Sin embargo, como por arte de magia, la espada se separó de su cuerpo y el gigante recuperó la movilidad, y se dirigió como una bala hacia el lado contrario de donde estaban los demás.
--¿Nos ha cogido miedo? -preguntó Susana-.
--No me extrañaría -respondió Pedro-. No me extrañaría después de el viaje que Rilian le acaba de meter.
--Bueno, no fue para tanto -dijo Rilian algo ruborizado-. Yo solo hice lo que debía, que es salvar vuestra vida.
--Hemos perdido mucho tiempo. ¿No deberíamos seguir? --Sí, supongo -dijo Edmundo-. Pero cuando ya volvieron a montar en los caballos, el gigante se dirigió a toda prisa hacia ellos.
--Me volverás a retar? -quiso saber Caspian-.
--No, buen amigo. Solo quiero darte la enorabuena, porque has luchado con valor y gracias a vuestros caballos pudisteis ganar al gran Ventus.
--¿Cómo dices que te llamas? -preguntó Lord Drinian algo interesado por volver a oír su nombre-.
--Yo soy el gran Ventus. Mi nombre proviene del de mi padre, que también se llamaba Ventus. Yo nací en Arfang, donde como sabéis viven el rey y la reina gigantes, pero cuando pasaron unos cuantos años me di cuenta de que lo que ellos hacían no estaba bien, y decidí fugarme a tientas del castillo, para buscar una vida mejor. Sin embargo, me cogieron a los tres días, y como castigo me hechizaron.
--¿De qué forma? -preguntó Rilian-.
--Me colocaron un conjuro para que allí donde fuera, atacara a los primeros hombres o animales que me encontrara. Así, de esa manera, se aseguraban de que yo volvía y además les traía sus provisiones.
--¿Y por qué no iban ellos a por su caza? -quiso saber Lord Drinian-.
--Claro que iban, pero con mi conjuro se aseguraban de que no me volvía a fugar y me tenían controlado. Lo que habéis conseguido con esa batalla es romper el hechizo y hacer que vuelva a ser libre.
--¿Cómo sabríamos que nos dice la verdad? -preguntó astutamente Caspian-.
--Por ejemplo cogiendo esto. Extendió su gran espada, y se la entregó a Caspian pero este no la aceptó.
--Lo siento, pero no puedo aceptarla. Esa espada es tuya y tienes que ser tú quien la utilice.
--¿Sabes, Caspian? me sorprendió la sangre fría que demostraste en la batalla. Supongo que sería la primera vez que te mides a un gigante.
--Sí, así es. ¿Pero por qué dice que tuve mucha sangre fría? --Porque cuando yo mencioné lo de tu nombre y todos tus amigos se avalanzaron sobre mí, tú solamente les separaste y les dijiste que no debían hacer caso. Yo creía que te pondrías más rabioso y que harías cualquier locura.
--Bueno, te agradezco estas palabras, pero antes de encontrarnos contigo, estábamos en una misión importante para Narnia. Si no te importa, ¿podríamos irnos? --Sí, por supuesto.
--Ventus se despidió de ellos, y pudieron seguir tranquilos hacia Calormen. Habían perdido casi cuatro horas, y tenían que buscar a gente para completar el equipo de fútbol.
Al fin pudieron llegar, y entrar en el país sin más incidencias hasta que llegaron al centro de Calormen y pidieron poder hablar con Rabadash (Antiguo príncipe de Calormen) quien no puso problemas, pero que sospechaba de los visitantes.
--¿Qué quieren? -preguntó él-.
--Verá, señor, es que queríamos proponerle una idea para ver si le gusta. En Narnia, estamos intentando crear un equipo de fútbol, y nos hace falta gente para poder completarlo. Si usted quiere, podemos contratarle como jugador.
--¿Narnia? -preguntó Rabadash. ¿Me están diciendo que voy a tener que dejar este país para ir a Narnia a jugar al fútbol? --No necesariamente -respondió Rilian-, si quiere, puede vivir aquí y acudir a Narnia los días de entrenamiento o de partido. No se preocupe, porque si así lo desea nosotros nos haremos cargo de los gastos que supondrían sus idas y venidas.
--¿Y a qué viene tanta amabilidad? Nadie respondió a eso, pero Rabadash parecía estar pensando.
--Bien, pero recuerden que yo siempre viviré en Calormen, porque si esta gente se entera que defiendo a Narnia, me crujen.
--Descuide -respondió Pedro-. No se lo diremos a nadie, si así lo quiere.
--Espero que no me estéis tomando el pelo.
--¿Por qué íbamos a hacerlo? -preguntó Rilian-.
--En mis años de experiencia he llegado a la conclusión de que no hay que fiarse de casi nadie.
Después de añadir a Rabadash al club, siguieron buscando gente por Calormen, y no tardaron en encontrar otro aliado.
Arshish, (el pescador que había sido padre adoctivo del príncipe Cor de Archenland) fue al siguiente que pudieron encontrar para proponerles la idea.
Al principio se mostraba un poco incrédulo, pero como ellos seguían insistiendo, lograron convencer al pescador diciéndole que ganaría más dinero que vendiendo pescados, así que al final él acabó aceptando.
--Quiero advertiros que nunca he jugado al fútbol y no sé si se me dará bien.
--Por eso no te preocupes -le dijo Caspian-. Nadie de aquí lo hemos hecho, pero estamos dispuestos.
--Entonces seremos un equipo malo.
--Vale, Arshish, eso ya lo sabemos -dijo Rilian-, pero podría no ser tan pesimista ¿verdad? Siguieron hablando durante un rato, hasta que Lucía dijo que había que ir a Archenland para buscar a alguien más.
--En marcha, -dijo Lord Drinian-. Fueron en sus caballos y anduvieron dirección Archenland, sin apenas hablar y parando cada noche para poder comer y dormir algo, hasta que cinco días después de salir, llegaron a Archenland y pidieron poder hablar con el rey Lune (padre de Cor y su hermano Corin) quien al principio creyó que se trataba de una batalla, pero al ver que no llevaban ningún arma les empezó a escuchar.
--Queremos crear un equipo de fútbol, y nos hace falta gente para poder terminarlo. Querríamos saber si usted, Su Majestad, estaría dispuesto a formar parte del mismo, y si usted no quiere, pregunte por favor a Cor y Corin.
--Impactante, sin duda -dijo Lune-. ¿Son ustedes integrantes del equipo? --Sí, todos -dijo Pedro-.
--Preguntaré a Cor y a Corin, pero recordad que lo que a Corin le gusta es el boxeo.
--Si lo desea, le ahorraremos la molestia de hablar con ellos y lo haremos nosotros.
Lune se ríó, y dijo: --No os preocupéis, enseguida vuelvo-.
Pasaron aproximadamente tres cuartos de hora, y el rey, Cor y Corin aparecieron al grito de ¡viva el Narnia Fútbol Club!.
--Pues con esto creo que ya estamos once -dijo Edmundo reflexionando-.
--Todavía nos queda uno -dijo Caspian-.
El problema había vuelto, porque ahora ya no sabían por dónde pasar para preguntar a la gente.
--¿Dígory? -preguntó Edmundo-.
--¿Ese? -preguntó a su vez Pedro-, veo que estás un poco loco.
Estuvieron día sí día también, pensando sobre quién era el idóneo para cubrir la última plaza del equipo, pero no aparecía nadie que interesara a los demás.
--¿No podemos seguir preguntando? -quiso saber Corin-.
--No creo, -dijo Lune-, porque por estos países casi no se conoce el fútbol.
--Tengo una idea -dijo Pedro-. ¿No podríamos llamar a Eustaquio desde aquí para que venga? --Pero eso solo lo puede hacer Aslan -dijo Susana-.
--Sí, es cierto -dijo una voz conocida-.
--¿Eres Aslan? -preguntó Caspian-.
--Claro que lo soy. Vuestro primo Scrubb, está a punto de llegar.
Y al rato apareció Eustaquio y se reunió con ellos.
--Hola, -saludó-.
--Hola, -respondieron todos a la vez-.
--¿Por qué tanta gente? -quiso saber Eustaquio mirando a todos-.
Una vez más le explicaron lo del equipo de fútbol, y le dijeron que era el único puesto que les quedaba libre y que porfavor aceptara.
--Claro que lo acepto.
Lo que siguió después de estas palabras, fueron aplausos y fiesta, porque habían conseguido reunir once personas para completar el equipo.
--Ahora ya somos un equipo -dijo eufórico Caspian-. Vamos a dormir bien esta noche y a partir de mañana nos ponemos en regreso a Narnia.
Todos, incluídos Rabadash y Arshish (que no eran muy partidarios de hacer fiestas) celebraron la creación del equipo igual que los demás.
Después de terminar, se fueron todos a dormir y al día siguiente emprendieron su regreso a Narnia.

Cuando llegaron a Narnia, Aslan abría una espectacular comitiva que salió a recibirlos, y se organizó otra fiesta que daba la bienvenida al nuevo equipo de fútbol de Narnia.
--Lo que ahora tenéis que hacer, es elegir un capitán y distribuír vuestras posiciones en el campo.
--Yo sé cómo se hace -dijo Pedro-. He visto muchos partidos y más o menos tengo una idea de lo que hay que hacer.

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