Esta historia comienza allá por los años de la pera, cuando Narnia era un país tranquilo (si es que alguna vez lo fue), y los animales y los hombres vivían en perfecta armonía.
No había ninguna bruja malvada, ni ningún monstruo al que derrotar así que el panorama se presentaba un poco aburrido.
Los bosques estaban tan frondosos y llenos de árboles como siempre, y la paz predominaba en cada esquina de narnia.
Se habían puesto de moda los juegos de cartas (el solitario, el mus, el tute e incluso la escoba) pero los hombres decían que querían algo más. Fue así como nació la primera de las ideas que propuso un cuervo.
--¿Por qué no creamos un equipo de balonmano? Pero no podía ser, porque nadie conocía las reglas, así que no se pudo llevar a cabo.
Por su parte, otros animales proponían cosas como crear un equipo de atletismo o de boxeo, pero la mayoría no estuvieron de acuerdo.
Mientras tanto, la vida continuaba tranquila y apacible, y se organizaban consejos para determinar qué se podía hacer para matar el tiempo. Había muchas refriegas y discusiones e incluso hubo días en que se llegaba a las manos. No obstante, se sabía que tarde o temprano se llegaría a un acuerdo, o al menos, había que hacer todo lo posible por llegar para que el ambiente no se caldeara día tras día.
Uno de los días de reunión un caballo y un enano se enzarzaron en una acalorada discusión sobre si lo mejor era cazar como los hombres o hacer otro tipo de actividades.
--¿Cómo te tengo que decir que cazar sería extraordinario? -decía el enano-.
--Eres un cafre, ¿lo sabías? Si sigues pensando así, acabarás comportándote como un terrible gigante de Arfang, que se come a los hombres.
--¡Ni se te ocurra hablarme así!.
--Te hablaré como crea conveniente, taponazo. Para eso somos un país libre.
--¡Corcel estúpido, jilipollas, pedazo de cabrón, experpento, aguafiestas...
El enano siguió profiriendo insultos de ese calibre y mayores al caballo, hasta que éste descargó toda su ira contra el enano que con la fuerza de una coz recibida, salió volando cual avión a unos veinte metros de distancia del incidente. Tras ello, el enano dejó de hablar al caballo hasta aproximadamente un mes después.
Expulsaron a los dos protagonistas y siguieron con la reunión pero, no se avanzó apenas, porque había tal diversidad de propuestas que ninguna recibía el apoyo suficiente.
El jefe de reuniones, era por supuesto el gran rey Pedro, que era también el que dirigía todos los problemas de Narnia. Tenía que llevar la economía, política y demás historias de Narnia y según decía él era difícil, aun siendo ayudado por Su Majestad el rey Caspian, y los hermanos de Pedro Susana, Lucía y Edmundo.
Al día siguiente del incidente entre el enano y el caballo, se volvieron a tranquilizar las cosas y se siguieron proponiendo alternativas.
--yo propongo -dijo Edmundo-, organizar campeonatos de billar.
--Sí, claro, para ganar tú siempre, ¿verdad? -replicó Susana algo disgustada.
--Yo no jugaría, si así lo queréis.
--¿Y por qué no a los bolos? -propuso Pedro.
--¿Pretendes que nuestra gente practique esa mierda de juego? -preguntó Edmundo-.
--Perdona, pero a mí me gusta la idea de los bolos -dijo Caspian interviniendo por primera vez en toda esa reunión-.
--Pues a mí no -repuso otra vez Edmundo testarudamente-.
--Como sigamos así, nunca encontraremos nada que agrade a la mayoría de esta gente.
--¿Tú propones algo? -preguntó Caspian a Susana-.
--Ajedrez -respondió ella-.
Se ve que esta vez debió dar en el clavo, porque ahora sí que hubo bastante respaldo.
--Sí, a mí me gusta -dijo Lucía-.
--¿Pero sólo eso? -preguntó Pedro-, ¿No os convence entonces lo de los bolos? --¿Qué más quieres, Pedro? --Bueno, pensaba que si solamente pensábamos en organizar campeonatos de ajedrez, nos iba a quedar mucho tiempo libre.
--¿No querrás ocupar todo el tiempo, verdad? --Bueno, sí -respondió Pedro.
Y en fin, la reunión acabó con poco éxito, salvo que se pueda considerar como tal el que varios de los allí presentes hayan estado de acuerdo en practicar aquello del ajedrez.
A los animales también les seducía el ajedrez a pesar de que, claro está, ellos no iban a participar. El ajedrez era muy popular en Narnia, desde que Pedro y sus hermanos habían llegado al reinado de aquellas tierras, y se habían convertido en los cuatro mejores jugadores de la región.
--Espero que al ajedrez no jueguen Sus Majestades, porque si no, ganarán todos los torneos -dijo en una de las posteriores reuniones el tejón Cazatrufas-.
Las reuniones siguieron y siguieron, pero sin apenas modificar los resultados conseguidos anteriormente.
Pero un día de aproximadamente un mes después, llegó la idea que verdaderamente haría reflexionar a las cabezas pensantes de la comitiva de consejeros. Un día por la mañana, Lucía daba su habitual paseo matutino, cuando descubrió que algo se movía entre los árboles. Preguntándose qué sería, se acercó sigilosamente para ver más detenidamente el objeto que estaba escondido debajo.
Aunque cuando Lucía llegó ante el extraño, descubrió que no era un objeto lo que se escondía bajo los arbustos, sino el mismísimo león que tantas veces les había ayudado.
--Hola, Aslan -dijo ella al verle-.
--Sabía que vendrías por aquí -dijo Aslan acercándole su hocico-.
--¿Como estás, Aslan? --Espero que más decidido que ustedes, consejeros.
--¿Quieres decir que tienes una idea? -le preguntó Lucía con tono anhelante-.
--La tengo, pero debes venir conmigo junto a tus compañeros de reuniones para que la pueda exponer y la conozcan todos al mismo tiempo. No sería de recibo para ellos que lo supieras tú primero, porque pensarían que tengo algún tipo de favoritismo contigo.
Así que fueron a reunirse con los consejeros para que Aslan pudiera proponer su alternativa. En un momento determinado Lucía dijo: --¿Sabes, Aslan?, creo que aunque no les guste tu idea, la aceptarían de igual manera.
--¿Realmente crees eso? --Totalmente.
--Pues no estaría bien.
--Lo sé, pero es que tú impones mucho respeto.
--Vale, vale, que me pongo rojo.
Y mientras hablaban llegaron junto a ellos, y todos hicieron reverencias a Aslan antes de hacer un círculo en cuyo centro dejaron al propio Aslan para que hablara. Éste, esperó un instante, hasta que todo el mundo estuvo colocado y en silencio y después expuso su idea.
--Bien, como veo que ustedes no se ponen de acuerdo en sus proposiciones yo les pondré otra más sobre la mesa, para que entre ustedes la analicen.
--¿Y cuál es? -preguntó Pedro-.
--Mi idea, señores míos, es la de crear un equipo de un deporte que se practica en el otro mundo y que gusta mucho. Se juega con un balón, y once jugadores se colocan a cada lado del campo. Hay dos porterías con tres postes en cada una; uno de ellos en la parte superior, y los otros dos a los lados...
--Vale, -interrumpió Pedro-, está claro que estás hablando de fútbol.
--Sí, querido Pedro, sí eso es. El fútbol es un deporte muy practicado en otros lugares y mucha gente se reunen en los estadios para ver los partidos.
--Es un verdadero espectáculo -dijo Edmundo-, estoy de acuerdo.
--Creo que una vez vi un... ¿cómo se llama, partido? --Sí -respondió Pedro-.
--Pues yo vi uno y la verdad es que me gustó -dijo Caspian-.
Por primera vez en todo aquel tiempo, por fin parecía que se llegaría a buen puerto o al menos, a juzgar por el entusiasmo de la gente.
--¡Dios mío, Aslan! -exclamó Pedro algo excitado-.
--Paz, Pedro paz -respondió Aslan dándole con la pata en la espalda-, todavía no hemos oído a tus compañeros de consejo, que son quienes al fin y al cabo tienen la última palabra. Por favor, quisiera oír ya la respuesta de sus señorías aunque si lo desean, puedo esperar para que ustedes deliberen al respecto.
--¿Deliberar? -preguntó Edmundo al borde del colapso-, creo, Aslan, que ya lo hemos hecho.
--¿Quieren decir que la respuesta es afirmativa? -quiso saber Aslan-.
--Claro que sí -respondieron todos a una vez.
--Bien, pues entonces ya os podéis poner a buscar voluntarios que quieran formar parte de ese equipo que vais a crear --¿Cuántos somos aquí? -preguntó Caspian a la gente que tenía cercana a él-.
--Ed y yo jugaremos -dijo Pedro-.
--Entonces yo también ¿vale? -preguntó Caspian-.
--Correcto -respondieron Susana y Lucía-.
--¿Yo puedo? -quiso saber un pájaro de un árbol cercano que estaba oyendo todo-.
--No, tú no.
--¿Por qué? --Porque tú eres animal y no puedes jugar -le explicó con calma Aslan.
Tras estos diálogos, todos empezaron a buscar por los bosques gente que estuviera interesada en la idea.
sábado, 22 de septiembre de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario