Capítulo 3: El capitán.
--Ahora elegiréis a votación de los once jugadores, quién debe ser el capitán del equipo.
Las votaciones se realizaron, y el capitán elegido resultó ser Caspian, que fue respaldado por siete de los jugadores.
--Bien, comenzaremos eligiendo quiénes serán los defensas, centrocampistas y delanteros además del portero, claro.
--El portero tiene que ser uno que tenga buenos reflejos, y sea ágil -informó Rilian-.
Nadie levantó la mano, pero todo el mundo señaló a Caspian-.
--¿No os llega con que sea el capitán? -preguntó él-, bien, seré yo el portero, pero no puedo prometeros nada ¿de acuerdo? Siguieron hablando de las posiciones en el campo, y resultó que nadie quería ser defensa. Sin embargo se resolvió que Pedro sería el lateral derecho, y que Lord Drinian, a pesar de que no le hacía mucha gracia sería el lateral izquierdo.
--¿Quién serán los centrales? -dijo Rilian-.
--Yo, -dijo con decisión Eustaquio-.
--Entonces yo también -dijo Edmundo-.
La defensa ya estaba construida, pero aún quedaba el centro del campo, y la delantera. Rilian se propuso voluntario a ocupar un lugar en el centro del campo, de doble pivote junto al rey Lune. En el extremo derecho se situó Rabadash, y en el izquierdo Arshish, así que ya sólo quedaban dos que tendrían que ser los delanteros. Cor y Corin, los hijos de Lune, aparte de hermanos, ahora serían también los dos delanteros del nuevo equipo.
--Ahora que nos hemos colocado, hay que empezar con los entrenamientos para coger cuanto antes una forma física propicia para ganar a quien se nos ponga delante.
--¿Pero contra quién vamos a jugar, Caspian? no hay más equipos -dijo el rey Lune-.
--Negociaremos con las islas desiertas y con otros países cercanos para crear una pequeña liga.
Empezaron a entrenar, haciendo estiramientos y demás ejercicios físicos, hasta que Eustaquio aburrido, preguntó a Caspian: --¿Cuándo vamos a empezar de una vez con el balón? --Cuando estemos bien de forma y fuertes. Por si no lo sabéis, el fútbol es muy duro y se hacen muchas faltas así que podríais lesionaros fácilmente.
Al día siguiente, y al siguiente, y al siguiente también, siguieron entrenando el físico mientras Caspian les daba instrucciones tales como "hay que dar tres vueltas a esta manzana" o, "vamos, Scrubb, no te hagas tanto el remolón que hoy no has hecho nada".
--¿Pero cómo te atreves? ¿cómo que no he hecho nada? -preguntó Eustaquio algo irritado-.
--Pues no, claro que no has hecho nada -le respondió Caspian-.
--Mira, pedazo sapo, si tu eres perfecto lamento informarte de que los demás no lo somos.
--No seas aguafiestas Scrubb, -dijo Cor-.
--¿Y a ti que te pasa? -preguntó Scrubb dirigiéndole una mirada de cólera-.
--Que no haces más que quejarte. ¿Es que no tienes nada más que hacer? A este comentario de Cor, Scrubb se avalanzó sobre Cor para darle un puñetazo pero el rey Lune salió en defensa de su hijo, y de un empujón hizo retroceder a Eustaquio que no volvió a moverse. Al ver que aquella situación se le estaba yendo de las manos, Caspian decidió utilizar mano dura y empezó a abroncar duramente a todo el equipo.
--¿Qué creéis que hacéis? Os estáis comportando como niños estúpidos, y os advierto que no quiero otro incidente como éste o tomaré medidas drásticas sobre aquel que lo cometa.
--Caspian, nos estamos comportando como lo que somos -dijo Eustaquio con calma-.
--Ya lo sé, Scrubb, pero vuestros problemas personales podríais dejarlos para más tarde ¿verdad? --Sí, supongo -dijo Cor. Lo siento, Caspian.
--Es él quien tiene que lamentarlo -dijo Caspian-.
--Vale, pues lo siento -dijo Eustaquio.
--Eso está mejor. Bien, ahora creo que ya es hora de empezar con el balón.
Y así, ensayaron durante casi dos semanas penaltis, faltas directas, corners, tiros a portería desde diferentes posiciones y hasta hacían partidillos para ver la calidad de cada uno.
Resultó, que uno de los mejores fue Rilian, que tenía un muy buen pase en profundidad y tocaba la pelota muy, muy bien. Cor y Corin, por su parte, también eran bastante buenos como delanteros. La mayor virtud de Scrubb era la velocidad a la hora de defender. Lord Drinian, era un hábil corredor por la banda izquierda, pero tenía el defecto de hacer muchas faltas.
--Ten en cuenta que no debes hacer tantas faltas -le recomendaba Pedro-.
--Lo sé, pero debo coger algo más de velocidad para llegar bien a los cortes.
Hay que decir que desde el incidente que tuvieron Cor y Eustaquio, no volvieron a hablarse aunque en los entrenamientos acordaron no molestarse. Para más morvo, se decidió que ellos dos dormirían juntos en una de las tiendas de campaña que en Narnia habían puesto a disposición de los once jugadores.
Los demás estaban distribuídos así: Caspian dormiría con Rilian, Edmundo con Pedro, Lune con Corin, Rabadash con Arshish y Lord Drinian dormía solo.
Una de las noches en que Eustaquio y Cor estaban enfadados, saltaron chispas en su tienda y todavía hoy no se sabe cómo no despertaron a nadie. Eustaquio, había conseguido una caja de bombones para él, y no estaba dispuesto a invitar a Cor a ninguno.
--Oye, ¿me perdonas y me invitas a uno de esos? -preguntó con timidez Cor-.
--¿Estás loco?, pues no.
--¿Por qué? --Porque no quiero, ¿alguna pregunta más? --¿Por qué eres así de malo? -preguntó Cor irritado-.
--Soy como tú -dijo Eustaquio-.
--¿Qué me estás llamando, so estúpido? --¿Quieres que te diga todo lo que pienso de ti?, pues comenzaré. Idiota, puerco, zorro, miserable, aguafiestas, cobarde, canalla, malo, malcriado, pelma, más que pelma...
--¿Me has llamado malcriado? -preguntó Cor llegando al colapso-. Bien, pues mañana me llamarás todo eso delante de mi padre a ver qué te dice él.
Y tras decir esto Cor rompió a llorar por la rabia que le producía todos los insultos recibidos. Eustaquio no le dio importancia a ésto y se durmió.
A la mañana siguiente, Eustaquio se despertó sin decir una palabra, y Cor se marchó de la tienda tras vestirse y desayunó solo.
Corin, que se había despertado muy alegre, al ver a su hermano se dejó caer junto a él.
--¿Te sucede algo? -le preguntó-.
--No -respondió él sin convicción-.
--¿Por qué tienes esa cara entonces? --Por nada.
--Si crees que me puedes engañar, estás equivocado. ¿Quieres que llame a papá? --Ni lo sueñes -dijo rápidamente Cor-, por favor, te ruego que no le digas nada a papá, o matará a Scrubb.
--¿Scrubb? -preguntó Corin sorprendido-.
--Verás, Corin, ayer consiguió traer a la tienda una caja de bombones, y cuando le pedí que me invitara a uno me dijo que no.
--¿Solamente eso? --No. Cuando le pregunté por qué era malo, me empezó a insultar. Me llamó montón de cosas, pero el insulto que más me dolió fue malcriado. Le dije que si tenía huevos, dijera eso ante mi padre.
--¿Y no quieres que llame a tu padre? --Sé que debería hacerlo, Corin, pero si se entera matará a Eustaquio.
--Te olvidas, hermano, de que papá tiene buen corazón, y nunca usaría la violencia contra nadie.
--¿Contra quién debo usar la violencia? -preguntó Lune acercándose sigilosamente a ellos-.
Los dos se pusieron colorados y ninguno fue capaz de responder.
--Os he preguntado que contra quién debo usar la violencia.
--Era una broma.
--No, no lo era -respondió el rey Lune.
--Díselo -le dijo Corin a Cor-.
--No, nunca -respondió Cor-.
--Díselo o se lo diré yo -dijo Corin-.
--Verás, Scrubb me ha llamado de todo, y entre los insultos que me dijo incluyó malcriado.
--¿Ese niño otra vez? Bien, lo que tienes que hacer es no ofenderte por esos insultos. La próxima vez que te insulte, insúltale tú más fuerte. Ya habréis visto que he escuchado toda vuestra conversación, y me parece, Cor, que en cuanto menos te lo esperes, tú tendrás algo que él querrá y tú podrás vengarte. ¿No te das cuenta de que es un cobarde? Si fuera valiente, no se marcharía de aquí, y vendría a defenderse.
--Bueno, es que le amenacé diciéndole que si tenía lo que hay que tener, me diría delante tuya, como el dice, lo que piensa de mí.
--¿Así lo ha dicho? -preguntó el rey Lune algo enfadado-. Bien, se va a enterar.
Y sin más dilación salió corriendo buscando a Eustaquio.
--Si quieres, proponemos que te cambien de pareja -propuso Corin a Cor-.
--¿Qué? -y poner a papá con Eustaquio? --No, con Eustaquio me pondría yo. No te ofendas, Cor, pero a mí me duelen menos los insultos.
Después del entrenamiento de ese día Lune le echó una mirada a Scrubb, y le hizo un gesto para que le acompañara a un sitio alejado.
--Quiero que me digas por qué has insultado a Cor.
Eustaquio se rió antes de decir. --¿Era eso?, no creo que tenga tanta importancia.
--Para ti no, mocoso, pero para mí sí. Cor es mi hijo y no te consentiré que vuelvas a llamarle malcriado ¿entiendes? --¿Puedo llamarle chivato entonces? --Para tu información no me lo ha dicho él.
--¿Y quién te lo ha dicho? --Eso no importa. Lo que importa es la razón porque has llamado eso a Cor. ¿Qué te ha hecho para que te pongas tan duro con él? Verás, Scrubb sé que vuestro enfado viene del entrenamiento en el que os peleásteis. ¿Crees que él te hizo tanto daño como para ponerte así? --Lo que me molestó de él, fue que se metiera entre la discusión de Caspian y mía.
--Ese no es motivo suficiente como para llamarle todas esas cosas.
--¿Y qué pretendes? --Que solucionéis vuestros problemas.
--No volvería a hablar con ese tío aunque me diera dinero.
--¡Mira, si sigues siendo tan orgulloso, te veremos enseguida fuera del equipo! -vociferó Lune-.
--Bueno, siempre ha sido tu objetivo, ¿verdad? --¿Pero cómo te atreves?, yo jamás he intentado que te echaran sin embargo, como te sigas portando de esa manera, Caspian se acabará enterando de tu egoísmo y tu orgullo. Ah, y se me olvidaba decirte, que desde hoy dormirás con Corin.
--Casi lo prefiero.
--¿Sí? pues no te creas que es como Cor. Corin es un excelente boxeador y si te atreves a decirle lo que le has dicho a Cor, te pega un puñetazo y ahí te quedas.
--Que se atreva -dijo amenazadoramente Eustaquio-.
--En fin, como veo que es imposible hacerte razonar, me iré antes de que no pueda soportar el impulso de pegarte dos piñas.
Después de esto, Lune se marchó maldiciendo, y Eustaquio se marchó con Edmundo y Pedro.
--¿Qué has conseguido, papá? -preguntó Cor cuando le vieron aparecer de nuevo-.
--Verás, hijo mío, desde esta noche, dormirás conmigo y tú, Corin, con ese jilipollas de Eustaquio. Lo hago, porque Corin puede mantenerlo a raya.
--No te preocupes, lo entiendo.
Y así se iban sucediendo los acontecimientos durante días y días, y el equipo fue prosperando en calidad y velocidad de sus jugadores. Caspian, era un portero excepcional, que ya hacía palomitas y era un experto en reflejos. Le apodaban el pájaro, por la forma que tenía de saltar.
Rilian, era un centrocampista espectacular que tenía llegada y tiro a puerta y ya se había decidido que en principio, él sería el encargado de sacar los corners, faltas y demás jugadas a balón parado.
--Cor y Corin, en la parte de arriba eran uña y carne. Se entendían tan bien, que Caspian no encontró defectos que corregirles. Hubo un día de entrenamiento, en que entre los dos lograron marcar ocho goles.
--Realmente increíble, sin duda -decía Caspian entusiasmado.
Scrubb era un buen defensa y junto a Edmundo iban poco a poco dominando el juego aéreo. El rey Lune era el típico centrocampista de contención, que robaba abundantes balones, aunque también tenía el defecto de hacer faltas. Estaba claro que si había que mejorar algún aspecto, eran los extremos. Arshish, era capaz de centrar bien, pero nunca se atrevía a correr por miedo a perder la pelota, y en cuanto a Rabadash, progresaba bastante bien pero tenía que hacer entrenamiento específico para poder ponerse a tono.
Siguieron muchos entrenamientos, discusiones, broncas y demás, pero el equipo seguía unido a pesar de que Eustaquio y Cor no se hablaban. Un día determinado cuando ya llevaban muchos días de entrenamientos, Caspian les dijo que deberían entrenar sin él, porque tendría que buscar otros equipos para poder formar una liga.
--Vosotros seguiréis entrenando mientras yo hablo con los demás países. El rey Lune se quedará como segundo capitán y espero que entrenéis bien y cuando vuelva, quiero veros tan fuertes y en forma como estáis ahora.
--Lo haremos por ti, Caspian -dijo Corin-.
--Por mí no, por vosotros.
Al día siguiente muy temprano, Caspian partió hacia los países de fuera de Narnia, para tratar de hacer una liga algo competitiva.
Estuvo muchos días junto a su caballo recorriendo caminos, carreteras, valles y más cosas, hasta que una especie de magia lo llevó hacia adelante, haciéndole perder el equilibrio y caerse del caballo. Algo asustado, se pudo incorporar y descubrir que había llegado a un bosque tranquilo, y aparentemente sin más cosas que la hierba y los árboles.
--¿Hay alguien? -preguntó-.
No obtuvo respuesta. Siguió caminando al tiempo que veía el bosque lleno de hierba y de árboles, pero sin nada más que eso.
--No parece un bosque muy divertido -pensó-.
Finalmente, decidió volver al caballo y tras volver a montarse, buscó la salida de aquel bosque.
Anduvo por él durante una, dos, tres horas, pero el final de aquel bosque no parecía llegar.
Se paró para poder dormir, antes de seguir su camino, pero cuando despertó se encontró en otro sitio. Se ve que alguien le encontró y le creyó un niño de la calle. Hacía un frío que helaba los pulmones, y el caballo de Caspian estaba junto a él, todavía dormido. Pasaron unos diez minutos y alguien apareció junto a él. Era un hombre con barba de varios días y por lo que pensó Caspian, bastante feo.
--Me llamo Kevin Collins, y soy el mago más poderoso de Inglaterra.
--¿El mago más poderoso de dónde? -preguntó Caspian algo extrañado-.
--De Inglaterra. No tengo mucho tiempo, así que quiero hablar contigo. Sé que eres Caspian de Narnia, y sé que estás creando una liga de fútbol en la que vais a inscribiros tu equipo y tú, ¿no es cierto? --Sí.
--Pues mira, voy a inscribir un equipo en esa liga ¿te parece bien? --Tendremos que negociarlo -dijo Caspian-.
sábado, 22 de septiembre de 2007
Capítulo 2: la búsqueda
Las semanas siguientes transcurrieron con mucho agetreo, porque no había mucha gente a la que le sedujera esto del fútbol. No obstante, habían conseguido convencer a Rilian, el hijo de Caspian, y a Lord Drinian, amigo de Caspian y de Rilian.
--Me parece que vamos a tener que buscar gente en Calormen, Archenland y todos esos sitios -dijo Lucía-.
--¿Y te crees que van a querer? -replicó Lord Drinian-.
--Los de Archenland sí -dijo Caspian-, o al menos eso creo.
Discutieron durante un largo tiempo la idea de acudir a Calormen, porque según ellos la mayoría de aquella gente eran unos descerebrados, pero después de discutir y discutir, no les quedó otra opción que hacerlo de aquella manera.
Así que, así lo hicieron. Se subieron en sus caballos y corrieron dirección Calormen para proponer la idea por allí, aunque no tenían lo que se dice muchas ganas. Tras correr unos cuantos días, pudieron llegar y entrar casi sin problemas, o al menos no tuvieron problemas hasta que llegaron cerca de Calormen. Sin embargo el problema llegó.
Cuando ya se acercaban a la meta, algo se cruzó en su camino, y todos vieron que era un gigante.
--¡En guardia pedazo idiotas! -dijo él al verles-.
--¡Idiota serás tú, ¿entiendes? -respondió Caspian desde la parte de atrás-.
--No me hables así, pedazo estúpido.
--No insultes a mi amigo -respondió Lord Drinian-.
--¿Y quién eres tú para mandarme, so feo? --Que te calles -dijo Rilian perdiendo un poco la paciencia.
--Vamos a batirnos, ¿de acuerdo? -preguntó el gigante a Caspian y desembainando su espada la dirigió hacia éste que con un certero movimiento de muñeca la pudo agarrar antes de que el gigante se la incrustara en el pecho.
--¿Eso es todo lo que sabes hacer? -preguntó Caspian en tono burlón-, pues vaya un gigante.
--Te exijo que no me faltes al respeto.
--Pues entonces apártate de mi camino, so pelmazo.
--No te pases de listo, porque te voy a decapitar aquí, delante de tus fieros amiguitos.
Esto último lo dijo, claro está, en tono irónico.
--Yo a ti te vi antes -le dijo Caspian al gigante-.
--¿Sí? ¿dónde? --En tu morada.
--¡Mentira! -rugió el gigante-.
--¿Cómo que mentira? -preguntó Pedro-.
--Basta ya de charla por favor, que tenemos prisa -dijo Rilian.
--Tú no te metas -le dijo firmemente el gigante-.
--Él se mete cuando quiera, que para eso es mi hijo.
--¿Tu hijo? ¿Él es tu hijo? --¿Y qué te importa? -dijo Caspian-.
Finalmente y sin poderse contener, Rilian asestó una estocada en el corazón del gigante que cayó a un lado haciendo temblar el suelo.
--¿Muerto? -preguntó Lucía-.
--Me parece que no -dijo Rilian-. Creo que está inconsciente.
Siguieron andando durante aproximadamente diez minutos, hasta que detrás de ellos surgió un vozarrón que les hizo extremecerse.
--Eh, ¿a dónde vais? --¿Y tú? -quiso saber Pedro-.
--Os lo pregunté yo primero -respondió el gigante que se había restablecido-, no nos hemos batido aún.
--Primero quiero que me respondas una cosa. ¿Por qué eres tan pesado? El gigante no hizo caso, pero tampoco se movió en absoluto y siguió contemplando a todos. Parecía que algo veía en ellos que no les quitaba la mirada de encima.
--¿Por qué tienes tanto interés en batirte con Caspian? -preguntó Rilian-.
--¿Caspian? -preguntó el gigante algo sorprendido-.
--Así me llamo -respondió él-.
--Pues que nombre tan ridículo. ¿Sabes si el día que te lo pusieron tu papi estaba borracho, o se había fumado algún purito de más? Esta vez todos perdieron el estribo, y se avalanzaron sobre el gigante sin embargo, Caspian les separó, o al menos, esa fue su intención.
--Tranquilos, no os preocupéis. A palabras necias oídos sordos ¿de acuerdo? Lo que quiere es que entremos en su juego para matarnos fácilmente y comernos cuando llegue a su castillo. Si os digo la verdad a mí no me importa, porque yo nunca hice caso de los insultos porque si no, ya estaría o bien muerto, o bien deprimido.
--Eres muy listo, Caspian -dijo el gigante-. Mi intención es exactamente la que has dicho, pero basta ya de hablar y comencemos de una vez.
--Bien, entonces -dijo Caspian-.
Todos se apartaron para contemplar la batalla entre los dos rivales y todos se pusieron detrás de la escena animando acaloradamente a Caspian, que con el calor de los suyos parecía amedrentarse por momentos.
Se sucedieron golpes de una espada contra la otra durante una media hora, hasta que el gigante al intentar esquivar un ataque enfurecido de Caspian, tropezó contra una piedra que sobresalía del pavimento, y cayó al suelo. Caspian le cogió entonces su espada mientras Pedro y los demás le animaban más fuerte que antes.
--Devuélveme la espada -exigió el gigante algo aterrado-.
--Ni hablar -replicó Caspian-.
--¿Es que no te han enseñado modales? -preguntó el gigante-, que avalanzándose sobre él, le arrebató las dos espadas y lo lanzó al suelo.
--Ahora eres tú quien no tiene espada, idiota.
Caspian no podía hablar, porque el gigante tenía su brazo alrededor del cuello de Caspian, y lo amenazaba con las espadas en una sola mano.
--Si vas a matarlo, luego tendrás que hacerlo conmigo -dijo casi llorando Edmundo-.
--Venga, Edmundo, hay que ser fuertes. Si hace falta lucharemos con él.
--Vosotros no haréis nada -dijo Rilian-.
--¿Por qué? -preguntó Lucía.
--Dejádmelo a mí -dijo Rilian-.
--Pero te va a matar -dijo Lord Drinian-.
--A ello me arriesgaré, mi Lord.
Y sin decir una palabra más se avalanzó sobre el gigante y sacando su espada le dio un fuerte golpe con la empuñadura de la misma, aunque el gigante ni se inmutó. Entretanto, éste seguía aferrando a Caspian por el cuello y no parecía tener intención de soltarlo.
--Suéltalo, y ahora mismo -ordenó Edmundo-.
Pero el gigante estaba fuera de sí. En la cara se le notaba una rabia contenida que nunca le habían visto a nadie, y daba miedo solo pensar en Caspian que ya empezaba a ponerse rojo.
Rilian intentó hacerle frente otra vez, pero fue inútil. Ya casi daban por perdido a Caspian, cuando los caballos empezaron a correr a toda prisa contra el gigante, y empezaron a cocearlo por todas partes hasta que dolorido el gigante soltó a Caspian y se dispuso a atacar a los caballos. Pero Rilian tuvo reflejos y le robó una vez más la espada con la ayuda de los caballos y decidido, se la clavó hasta la empuñadura en un costado.
El gigante se volvió a caer, y volvió a temblar la tierra. Esta vez si que estaba muerto, y sangraba por la herida hecha por la espada.
--¿Estás bien, Caspian? -preguntó Lord Drinian-.
--Algo dolorido, pero bien -respondió Caspian-.
Sin embargo, como por arte de magia, la espada se separó de su cuerpo y el gigante recuperó la movilidad, y se dirigió como una bala hacia el lado contrario de donde estaban los demás.
--¿Nos ha cogido miedo? -preguntó Susana-.
--No me extrañaría -respondió Pedro-. No me extrañaría después de el viaje que Rilian le acaba de meter.
--Bueno, no fue para tanto -dijo Rilian algo ruborizado-. Yo solo hice lo que debía, que es salvar vuestra vida.
--Hemos perdido mucho tiempo. ¿No deberíamos seguir? --Sí, supongo -dijo Edmundo-. Pero cuando ya volvieron a montar en los caballos, el gigante se dirigió a toda prisa hacia ellos.
--Me volverás a retar? -quiso saber Caspian-.
--No, buen amigo. Solo quiero darte la enorabuena, porque has luchado con valor y gracias a vuestros caballos pudisteis ganar al gran Ventus.
--¿Cómo dices que te llamas? -preguntó Lord Drinian algo interesado por volver a oír su nombre-.
--Yo soy el gran Ventus. Mi nombre proviene del de mi padre, que también se llamaba Ventus. Yo nací en Arfang, donde como sabéis viven el rey y la reina gigantes, pero cuando pasaron unos cuantos años me di cuenta de que lo que ellos hacían no estaba bien, y decidí fugarme a tientas del castillo, para buscar una vida mejor. Sin embargo, me cogieron a los tres días, y como castigo me hechizaron.
--¿De qué forma? -preguntó Rilian-.
--Me colocaron un conjuro para que allí donde fuera, atacara a los primeros hombres o animales que me encontrara. Así, de esa manera, se aseguraban de que yo volvía y además les traía sus provisiones.
--¿Y por qué no iban ellos a por su caza? -quiso saber Lord Drinian-.
--Claro que iban, pero con mi conjuro se aseguraban de que no me volvía a fugar y me tenían controlado. Lo que habéis conseguido con esa batalla es romper el hechizo y hacer que vuelva a ser libre.
--¿Cómo sabríamos que nos dice la verdad? -preguntó astutamente Caspian-.
--Por ejemplo cogiendo esto. Extendió su gran espada, y se la entregó a Caspian pero este no la aceptó.
--Lo siento, pero no puedo aceptarla. Esa espada es tuya y tienes que ser tú quien la utilice.
--¿Sabes, Caspian? me sorprendió la sangre fría que demostraste en la batalla. Supongo que sería la primera vez que te mides a un gigante.
--Sí, así es. ¿Pero por qué dice que tuve mucha sangre fría? --Porque cuando yo mencioné lo de tu nombre y todos tus amigos se avalanzaron sobre mí, tú solamente les separaste y les dijiste que no debían hacer caso. Yo creía que te pondrías más rabioso y que harías cualquier locura.
--Bueno, te agradezco estas palabras, pero antes de encontrarnos contigo, estábamos en una misión importante para Narnia. Si no te importa, ¿podríamos irnos? --Sí, por supuesto.
--Ventus se despidió de ellos, y pudieron seguir tranquilos hacia Calormen. Habían perdido casi cuatro horas, y tenían que buscar a gente para completar el equipo de fútbol.
Al fin pudieron llegar, y entrar en el país sin más incidencias hasta que llegaron al centro de Calormen y pidieron poder hablar con Rabadash (Antiguo príncipe de Calormen) quien no puso problemas, pero que sospechaba de los visitantes.
--¿Qué quieren? -preguntó él-.
--Verá, señor, es que queríamos proponerle una idea para ver si le gusta. En Narnia, estamos intentando crear un equipo de fútbol, y nos hace falta gente para poder completarlo. Si usted quiere, podemos contratarle como jugador.
--¿Narnia? -preguntó Rabadash. ¿Me están diciendo que voy a tener que dejar este país para ir a Narnia a jugar al fútbol? --No necesariamente -respondió Rilian-, si quiere, puede vivir aquí y acudir a Narnia los días de entrenamiento o de partido. No se preocupe, porque si así lo desea nosotros nos haremos cargo de los gastos que supondrían sus idas y venidas.
--¿Y a qué viene tanta amabilidad? Nadie respondió a eso, pero Rabadash parecía estar pensando.
--Bien, pero recuerden que yo siempre viviré en Calormen, porque si esta gente se entera que defiendo a Narnia, me crujen.
--Descuide -respondió Pedro-. No se lo diremos a nadie, si así lo quiere.
--Espero que no me estéis tomando el pelo.
--¿Por qué íbamos a hacerlo? -preguntó Rilian-.
--En mis años de experiencia he llegado a la conclusión de que no hay que fiarse de casi nadie.
Después de añadir a Rabadash al club, siguieron buscando gente por Calormen, y no tardaron en encontrar otro aliado.
Arshish, (el pescador que había sido padre adoctivo del príncipe Cor de Archenland) fue al siguiente que pudieron encontrar para proponerles la idea.
Al principio se mostraba un poco incrédulo, pero como ellos seguían insistiendo, lograron convencer al pescador diciéndole que ganaría más dinero que vendiendo pescados, así que al final él acabó aceptando.
--Quiero advertiros que nunca he jugado al fútbol y no sé si se me dará bien.
--Por eso no te preocupes -le dijo Caspian-. Nadie de aquí lo hemos hecho, pero estamos dispuestos.
--Entonces seremos un equipo malo.
--Vale, Arshish, eso ya lo sabemos -dijo Rilian-, pero podría no ser tan pesimista ¿verdad? Siguieron hablando durante un rato, hasta que Lucía dijo que había que ir a Archenland para buscar a alguien más.
--En marcha, -dijo Lord Drinian-. Fueron en sus caballos y anduvieron dirección Archenland, sin apenas hablar y parando cada noche para poder comer y dormir algo, hasta que cinco días después de salir, llegaron a Archenland y pidieron poder hablar con el rey Lune (padre de Cor y su hermano Corin) quien al principio creyó que se trataba de una batalla, pero al ver que no llevaban ningún arma les empezó a escuchar.
--Queremos crear un equipo de fútbol, y nos hace falta gente para poder terminarlo. Querríamos saber si usted, Su Majestad, estaría dispuesto a formar parte del mismo, y si usted no quiere, pregunte por favor a Cor y Corin.
--Impactante, sin duda -dijo Lune-. ¿Son ustedes integrantes del equipo? --Sí, todos -dijo Pedro-.
--Preguntaré a Cor y a Corin, pero recordad que lo que a Corin le gusta es el boxeo.
--Si lo desea, le ahorraremos la molestia de hablar con ellos y lo haremos nosotros.
Lune se ríó, y dijo: --No os preocupéis, enseguida vuelvo-.
Pasaron aproximadamente tres cuartos de hora, y el rey, Cor y Corin aparecieron al grito de ¡viva el Narnia Fútbol Club!.
--Pues con esto creo que ya estamos once -dijo Edmundo reflexionando-.
--Todavía nos queda uno -dijo Caspian-.
El problema había vuelto, porque ahora ya no sabían por dónde pasar para preguntar a la gente.
--¿Dígory? -preguntó Edmundo-.
--¿Ese? -preguntó a su vez Pedro-, veo que estás un poco loco.
Estuvieron día sí día también, pensando sobre quién era el idóneo para cubrir la última plaza del equipo, pero no aparecía nadie que interesara a los demás.
--¿No podemos seguir preguntando? -quiso saber Corin-.
--No creo, -dijo Lune-, porque por estos países casi no se conoce el fútbol.
--Tengo una idea -dijo Pedro-. ¿No podríamos llamar a Eustaquio desde aquí para que venga? --Pero eso solo lo puede hacer Aslan -dijo Susana-.
--Sí, es cierto -dijo una voz conocida-.
--¿Eres Aslan? -preguntó Caspian-.
--Claro que lo soy. Vuestro primo Scrubb, está a punto de llegar.
Y al rato apareció Eustaquio y se reunió con ellos.
--Hola, -saludó-.
--Hola, -respondieron todos a la vez-.
--¿Por qué tanta gente? -quiso saber Eustaquio mirando a todos-.
Una vez más le explicaron lo del equipo de fútbol, y le dijeron que era el único puesto que les quedaba libre y que porfavor aceptara.
--Claro que lo acepto.
Lo que siguió después de estas palabras, fueron aplausos y fiesta, porque habían conseguido reunir once personas para completar el equipo.
--Ahora ya somos un equipo -dijo eufórico Caspian-. Vamos a dormir bien esta noche y a partir de mañana nos ponemos en regreso a Narnia.
Todos, incluídos Rabadash y Arshish (que no eran muy partidarios de hacer fiestas) celebraron la creación del equipo igual que los demás.
Después de terminar, se fueron todos a dormir y al día siguiente emprendieron su regreso a Narnia.
Cuando llegaron a Narnia, Aslan abría una espectacular comitiva que salió a recibirlos, y se organizó otra fiesta que daba la bienvenida al nuevo equipo de fútbol de Narnia.
--Lo que ahora tenéis que hacer, es elegir un capitán y distribuír vuestras posiciones en el campo.
--Yo sé cómo se hace -dijo Pedro-. He visto muchos partidos y más o menos tengo una idea de lo que hay que hacer.
--Me parece que vamos a tener que buscar gente en Calormen, Archenland y todos esos sitios -dijo Lucía-.
--¿Y te crees que van a querer? -replicó Lord Drinian-.
--Los de Archenland sí -dijo Caspian-, o al menos eso creo.
Discutieron durante un largo tiempo la idea de acudir a Calormen, porque según ellos la mayoría de aquella gente eran unos descerebrados, pero después de discutir y discutir, no les quedó otra opción que hacerlo de aquella manera.
Así que, así lo hicieron. Se subieron en sus caballos y corrieron dirección Calormen para proponer la idea por allí, aunque no tenían lo que se dice muchas ganas. Tras correr unos cuantos días, pudieron llegar y entrar casi sin problemas, o al menos no tuvieron problemas hasta que llegaron cerca de Calormen. Sin embargo el problema llegó.
Cuando ya se acercaban a la meta, algo se cruzó en su camino, y todos vieron que era un gigante.
--¡En guardia pedazo idiotas! -dijo él al verles-.
--¡Idiota serás tú, ¿entiendes? -respondió Caspian desde la parte de atrás-.
--No me hables así, pedazo estúpido.
--No insultes a mi amigo -respondió Lord Drinian-.
--¿Y quién eres tú para mandarme, so feo? --Que te calles -dijo Rilian perdiendo un poco la paciencia.
--Vamos a batirnos, ¿de acuerdo? -preguntó el gigante a Caspian y desembainando su espada la dirigió hacia éste que con un certero movimiento de muñeca la pudo agarrar antes de que el gigante se la incrustara en el pecho.
--¿Eso es todo lo que sabes hacer? -preguntó Caspian en tono burlón-, pues vaya un gigante.
--Te exijo que no me faltes al respeto.
--Pues entonces apártate de mi camino, so pelmazo.
--No te pases de listo, porque te voy a decapitar aquí, delante de tus fieros amiguitos.
Esto último lo dijo, claro está, en tono irónico.
--Yo a ti te vi antes -le dijo Caspian al gigante-.
--¿Sí? ¿dónde? --En tu morada.
--¡Mentira! -rugió el gigante-.
--¿Cómo que mentira? -preguntó Pedro-.
--Basta ya de charla por favor, que tenemos prisa -dijo Rilian.
--Tú no te metas -le dijo firmemente el gigante-.
--Él se mete cuando quiera, que para eso es mi hijo.
--¿Tu hijo? ¿Él es tu hijo? --¿Y qué te importa? -dijo Caspian-.
Finalmente y sin poderse contener, Rilian asestó una estocada en el corazón del gigante que cayó a un lado haciendo temblar el suelo.
--¿Muerto? -preguntó Lucía-.
--Me parece que no -dijo Rilian-. Creo que está inconsciente.
Siguieron andando durante aproximadamente diez minutos, hasta que detrás de ellos surgió un vozarrón que les hizo extremecerse.
--Eh, ¿a dónde vais? --¿Y tú? -quiso saber Pedro-.
--Os lo pregunté yo primero -respondió el gigante que se había restablecido-, no nos hemos batido aún.
--Primero quiero que me respondas una cosa. ¿Por qué eres tan pesado? El gigante no hizo caso, pero tampoco se movió en absoluto y siguió contemplando a todos. Parecía que algo veía en ellos que no les quitaba la mirada de encima.
--¿Por qué tienes tanto interés en batirte con Caspian? -preguntó Rilian-.
--¿Caspian? -preguntó el gigante algo sorprendido-.
--Así me llamo -respondió él-.
--Pues que nombre tan ridículo. ¿Sabes si el día que te lo pusieron tu papi estaba borracho, o se había fumado algún purito de más? Esta vez todos perdieron el estribo, y se avalanzaron sobre el gigante sin embargo, Caspian les separó, o al menos, esa fue su intención.
--Tranquilos, no os preocupéis. A palabras necias oídos sordos ¿de acuerdo? Lo que quiere es que entremos en su juego para matarnos fácilmente y comernos cuando llegue a su castillo. Si os digo la verdad a mí no me importa, porque yo nunca hice caso de los insultos porque si no, ya estaría o bien muerto, o bien deprimido.
--Eres muy listo, Caspian -dijo el gigante-. Mi intención es exactamente la que has dicho, pero basta ya de hablar y comencemos de una vez.
--Bien, entonces -dijo Caspian-.
Todos se apartaron para contemplar la batalla entre los dos rivales y todos se pusieron detrás de la escena animando acaloradamente a Caspian, que con el calor de los suyos parecía amedrentarse por momentos.
Se sucedieron golpes de una espada contra la otra durante una media hora, hasta que el gigante al intentar esquivar un ataque enfurecido de Caspian, tropezó contra una piedra que sobresalía del pavimento, y cayó al suelo. Caspian le cogió entonces su espada mientras Pedro y los demás le animaban más fuerte que antes.
--Devuélveme la espada -exigió el gigante algo aterrado-.
--Ni hablar -replicó Caspian-.
--¿Es que no te han enseñado modales? -preguntó el gigante-, que avalanzándose sobre él, le arrebató las dos espadas y lo lanzó al suelo.
--Ahora eres tú quien no tiene espada, idiota.
Caspian no podía hablar, porque el gigante tenía su brazo alrededor del cuello de Caspian, y lo amenazaba con las espadas en una sola mano.
--Si vas a matarlo, luego tendrás que hacerlo conmigo -dijo casi llorando Edmundo-.
--Venga, Edmundo, hay que ser fuertes. Si hace falta lucharemos con él.
--Vosotros no haréis nada -dijo Rilian-.
--¿Por qué? -preguntó Lucía.
--Dejádmelo a mí -dijo Rilian-.
--Pero te va a matar -dijo Lord Drinian-.
--A ello me arriesgaré, mi Lord.
Y sin decir una palabra más se avalanzó sobre el gigante y sacando su espada le dio un fuerte golpe con la empuñadura de la misma, aunque el gigante ni se inmutó. Entretanto, éste seguía aferrando a Caspian por el cuello y no parecía tener intención de soltarlo.
--Suéltalo, y ahora mismo -ordenó Edmundo-.
Pero el gigante estaba fuera de sí. En la cara se le notaba una rabia contenida que nunca le habían visto a nadie, y daba miedo solo pensar en Caspian que ya empezaba a ponerse rojo.
Rilian intentó hacerle frente otra vez, pero fue inútil. Ya casi daban por perdido a Caspian, cuando los caballos empezaron a correr a toda prisa contra el gigante, y empezaron a cocearlo por todas partes hasta que dolorido el gigante soltó a Caspian y se dispuso a atacar a los caballos. Pero Rilian tuvo reflejos y le robó una vez más la espada con la ayuda de los caballos y decidido, se la clavó hasta la empuñadura en un costado.
El gigante se volvió a caer, y volvió a temblar la tierra. Esta vez si que estaba muerto, y sangraba por la herida hecha por la espada.
--¿Estás bien, Caspian? -preguntó Lord Drinian-.
--Algo dolorido, pero bien -respondió Caspian-.
Sin embargo, como por arte de magia, la espada se separó de su cuerpo y el gigante recuperó la movilidad, y se dirigió como una bala hacia el lado contrario de donde estaban los demás.
--¿Nos ha cogido miedo? -preguntó Susana-.
--No me extrañaría -respondió Pedro-. No me extrañaría después de el viaje que Rilian le acaba de meter.
--Bueno, no fue para tanto -dijo Rilian algo ruborizado-. Yo solo hice lo que debía, que es salvar vuestra vida.
--Hemos perdido mucho tiempo. ¿No deberíamos seguir? --Sí, supongo -dijo Edmundo-. Pero cuando ya volvieron a montar en los caballos, el gigante se dirigió a toda prisa hacia ellos.
--Me volverás a retar? -quiso saber Caspian-.
--No, buen amigo. Solo quiero darte la enorabuena, porque has luchado con valor y gracias a vuestros caballos pudisteis ganar al gran Ventus.
--¿Cómo dices que te llamas? -preguntó Lord Drinian algo interesado por volver a oír su nombre-.
--Yo soy el gran Ventus. Mi nombre proviene del de mi padre, que también se llamaba Ventus. Yo nací en Arfang, donde como sabéis viven el rey y la reina gigantes, pero cuando pasaron unos cuantos años me di cuenta de que lo que ellos hacían no estaba bien, y decidí fugarme a tientas del castillo, para buscar una vida mejor. Sin embargo, me cogieron a los tres días, y como castigo me hechizaron.
--¿De qué forma? -preguntó Rilian-.
--Me colocaron un conjuro para que allí donde fuera, atacara a los primeros hombres o animales que me encontrara. Así, de esa manera, se aseguraban de que yo volvía y además les traía sus provisiones.
--¿Y por qué no iban ellos a por su caza? -quiso saber Lord Drinian-.
--Claro que iban, pero con mi conjuro se aseguraban de que no me volvía a fugar y me tenían controlado. Lo que habéis conseguido con esa batalla es romper el hechizo y hacer que vuelva a ser libre.
--¿Cómo sabríamos que nos dice la verdad? -preguntó astutamente Caspian-.
--Por ejemplo cogiendo esto. Extendió su gran espada, y se la entregó a Caspian pero este no la aceptó.
--Lo siento, pero no puedo aceptarla. Esa espada es tuya y tienes que ser tú quien la utilice.
--¿Sabes, Caspian? me sorprendió la sangre fría que demostraste en la batalla. Supongo que sería la primera vez que te mides a un gigante.
--Sí, así es. ¿Pero por qué dice que tuve mucha sangre fría? --Porque cuando yo mencioné lo de tu nombre y todos tus amigos se avalanzaron sobre mí, tú solamente les separaste y les dijiste que no debían hacer caso. Yo creía que te pondrías más rabioso y que harías cualquier locura.
--Bueno, te agradezco estas palabras, pero antes de encontrarnos contigo, estábamos en una misión importante para Narnia. Si no te importa, ¿podríamos irnos? --Sí, por supuesto.
--Ventus se despidió de ellos, y pudieron seguir tranquilos hacia Calormen. Habían perdido casi cuatro horas, y tenían que buscar a gente para completar el equipo de fútbol.
Al fin pudieron llegar, y entrar en el país sin más incidencias hasta que llegaron al centro de Calormen y pidieron poder hablar con Rabadash (Antiguo príncipe de Calormen) quien no puso problemas, pero que sospechaba de los visitantes.
--¿Qué quieren? -preguntó él-.
--Verá, señor, es que queríamos proponerle una idea para ver si le gusta. En Narnia, estamos intentando crear un equipo de fútbol, y nos hace falta gente para poder completarlo. Si usted quiere, podemos contratarle como jugador.
--¿Narnia? -preguntó Rabadash. ¿Me están diciendo que voy a tener que dejar este país para ir a Narnia a jugar al fútbol? --No necesariamente -respondió Rilian-, si quiere, puede vivir aquí y acudir a Narnia los días de entrenamiento o de partido. No se preocupe, porque si así lo desea nosotros nos haremos cargo de los gastos que supondrían sus idas y venidas.
--¿Y a qué viene tanta amabilidad? Nadie respondió a eso, pero Rabadash parecía estar pensando.
--Bien, pero recuerden que yo siempre viviré en Calormen, porque si esta gente se entera que defiendo a Narnia, me crujen.
--Descuide -respondió Pedro-. No se lo diremos a nadie, si así lo quiere.
--Espero que no me estéis tomando el pelo.
--¿Por qué íbamos a hacerlo? -preguntó Rilian-.
--En mis años de experiencia he llegado a la conclusión de que no hay que fiarse de casi nadie.
Después de añadir a Rabadash al club, siguieron buscando gente por Calormen, y no tardaron en encontrar otro aliado.
Arshish, (el pescador que había sido padre adoctivo del príncipe Cor de Archenland) fue al siguiente que pudieron encontrar para proponerles la idea.
Al principio se mostraba un poco incrédulo, pero como ellos seguían insistiendo, lograron convencer al pescador diciéndole que ganaría más dinero que vendiendo pescados, así que al final él acabó aceptando.
--Quiero advertiros que nunca he jugado al fútbol y no sé si se me dará bien.
--Por eso no te preocupes -le dijo Caspian-. Nadie de aquí lo hemos hecho, pero estamos dispuestos.
--Entonces seremos un equipo malo.
--Vale, Arshish, eso ya lo sabemos -dijo Rilian-, pero podría no ser tan pesimista ¿verdad? Siguieron hablando durante un rato, hasta que Lucía dijo que había que ir a Archenland para buscar a alguien más.
--En marcha, -dijo Lord Drinian-. Fueron en sus caballos y anduvieron dirección Archenland, sin apenas hablar y parando cada noche para poder comer y dormir algo, hasta que cinco días después de salir, llegaron a Archenland y pidieron poder hablar con el rey Lune (padre de Cor y su hermano Corin) quien al principio creyó que se trataba de una batalla, pero al ver que no llevaban ningún arma les empezó a escuchar.
--Queremos crear un equipo de fútbol, y nos hace falta gente para poder terminarlo. Querríamos saber si usted, Su Majestad, estaría dispuesto a formar parte del mismo, y si usted no quiere, pregunte por favor a Cor y Corin.
--Impactante, sin duda -dijo Lune-. ¿Son ustedes integrantes del equipo? --Sí, todos -dijo Pedro-.
--Preguntaré a Cor y a Corin, pero recordad que lo que a Corin le gusta es el boxeo.
--Si lo desea, le ahorraremos la molestia de hablar con ellos y lo haremos nosotros.
Lune se ríó, y dijo: --No os preocupéis, enseguida vuelvo-.
Pasaron aproximadamente tres cuartos de hora, y el rey, Cor y Corin aparecieron al grito de ¡viva el Narnia Fútbol Club!.
--Pues con esto creo que ya estamos once -dijo Edmundo reflexionando-.
--Todavía nos queda uno -dijo Caspian-.
El problema había vuelto, porque ahora ya no sabían por dónde pasar para preguntar a la gente.
--¿Dígory? -preguntó Edmundo-.
--¿Ese? -preguntó a su vez Pedro-, veo que estás un poco loco.
Estuvieron día sí día también, pensando sobre quién era el idóneo para cubrir la última plaza del equipo, pero no aparecía nadie que interesara a los demás.
--¿No podemos seguir preguntando? -quiso saber Corin-.
--No creo, -dijo Lune-, porque por estos países casi no se conoce el fútbol.
--Tengo una idea -dijo Pedro-. ¿No podríamos llamar a Eustaquio desde aquí para que venga? --Pero eso solo lo puede hacer Aslan -dijo Susana-.
--Sí, es cierto -dijo una voz conocida-.
--¿Eres Aslan? -preguntó Caspian-.
--Claro que lo soy. Vuestro primo Scrubb, está a punto de llegar.
Y al rato apareció Eustaquio y se reunió con ellos.
--Hola, -saludó-.
--Hola, -respondieron todos a la vez-.
--¿Por qué tanta gente? -quiso saber Eustaquio mirando a todos-.
Una vez más le explicaron lo del equipo de fútbol, y le dijeron que era el único puesto que les quedaba libre y que porfavor aceptara.
--Claro que lo acepto.
Lo que siguió después de estas palabras, fueron aplausos y fiesta, porque habían conseguido reunir once personas para completar el equipo.
--Ahora ya somos un equipo -dijo eufórico Caspian-. Vamos a dormir bien esta noche y a partir de mañana nos ponemos en regreso a Narnia.
Todos, incluídos Rabadash y Arshish (que no eran muy partidarios de hacer fiestas) celebraron la creación del equipo igual que los demás.
Después de terminar, se fueron todos a dormir y al día siguiente emprendieron su regreso a Narnia.
Cuando llegaron a Narnia, Aslan abría una espectacular comitiva que salió a recibirlos, y se organizó otra fiesta que daba la bienvenida al nuevo equipo de fútbol de Narnia.
--Lo que ahora tenéis que hacer, es elegir un capitán y distribuír vuestras posiciones en el campo.
--Yo sé cómo se hace -dijo Pedro-. He visto muchos partidos y más o menos tengo una idea de lo que hay que hacer.
Capítulo 1: La idea de Aslan.
Esta historia comienza allá por los años de la pera, cuando Narnia era un país tranquilo (si es que alguna vez lo fue), y los animales y los hombres vivían en perfecta armonía.
No había ninguna bruja malvada, ni ningún monstruo al que derrotar así que el panorama se presentaba un poco aburrido.
Los bosques estaban tan frondosos y llenos de árboles como siempre, y la paz predominaba en cada esquina de narnia.
Se habían puesto de moda los juegos de cartas (el solitario, el mus, el tute e incluso la escoba) pero los hombres decían que querían algo más. Fue así como nació la primera de las ideas que propuso un cuervo.
--¿Por qué no creamos un equipo de balonmano? Pero no podía ser, porque nadie conocía las reglas, así que no se pudo llevar a cabo.
Por su parte, otros animales proponían cosas como crear un equipo de atletismo o de boxeo, pero la mayoría no estuvieron de acuerdo.
Mientras tanto, la vida continuaba tranquila y apacible, y se organizaban consejos para determinar qué se podía hacer para matar el tiempo. Había muchas refriegas y discusiones e incluso hubo días en que se llegaba a las manos. No obstante, se sabía que tarde o temprano se llegaría a un acuerdo, o al menos, había que hacer todo lo posible por llegar para que el ambiente no se caldeara día tras día.
Uno de los días de reunión un caballo y un enano se enzarzaron en una acalorada discusión sobre si lo mejor era cazar como los hombres o hacer otro tipo de actividades.
--¿Cómo te tengo que decir que cazar sería extraordinario? -decía el enano-.
--Eres un cafre, ¿lo sabías? Si sigues pensando así, acabarás comportándote como un terrible gigante de Arfang, que se come a los hombres.
--¡Ni se te ocurra hablarme así!.
--Te hablaré como crea conveniente, taponazo. Para eso somos un país libre.
--¡Corcel estúpido, jilipollas, pedazo de cabrón, experpento, aguafiestas...
El enano siguió profiriendo insultos de ese calibre y mayores al caballo, hasta que éste descargó toda su ira contra el enano que con la fuerza de una coz recibida, salió volando cual avión a unos veinte metros de distancia del incidente. Tras ello, el enano dejó de hablar al caballo hasta aproximadamente un mes después.
Expulsaron a los dos protagonistas y siguieron con la reunión pero, no se avanzó apenas, porque había tal diversidad de propuestas que ninguna recibía el apoyo suficiente.
El jefe de reuniones, era por supuesto el gran rey Pedro, que era también el que dirigía todos los problemas de Narnia. Tenía que llevar la economía, política y demás historias de Narnia y según decía él era difícil, aun siendo ayudado por Su Majestad el rey Caspian, y los hermanos de Pedro Susana, Lucía y Edmundo.
Al día siguiente del incidente entre el enano y el caballo, se volvieron a tranquilizar las cosas y se siguieron proponiendo alternativas.
--yo propongo -dijo Edmundo-, organizar campeonatos de billar.
--Sí, claro, para ganar tú siempre, ¿verdad? -replicó Susana algo disgustada.
--Yo no jugaría, si así lo queréis.
--¿Y por qué no a los bolos? -propuso Pedro.
--¿Pretendes que nuestra gente practique esa mierda de juego? -preguntó Edmundo-.
--Perdona, pero a mí me gusta la idea de los bolos -dijo Caspian interviniendo por primera vez en toda esa reunión-.
--Pues a mí no -repuso otra vez Edmundo testarudamente-.
--Como sigamos así, nunca encontraremos nada que agrade a la mayoría de esta gente.
--¿Tú propones algo? -preguntó Caspian a Susana-.
--Ajedrez -respondió ella-.
Se ve que esta vez debió dar en el clavo, porque ahora sí que hubo bastante respaldo.
--Sí, a mí me gusta -dijo Lucía-.
--¿Pero sólo eso? -preguntó Pedro-, ¿No os convence entonces lo de los bolos? --¿Qué más quieres, Pedro? --Bueno, pensaba que si solamente pensábamos en organizar campeonatos de ajedrez, nos iba a quedar mucho tiempo libre.
--¿No querrás ocupar todo el tiempo, verdad? --Bueno, sí -respondió Pedro.
Y en fin, la reunión acabó con poco éxito, salvo que se pueda considerar como tal el que varios de los allí presentes hayan estado de acuerdo en practicar aquello del ajedrez.
A los animales también les seducía el ajedrez a pesar de que, claro está, ellos no iban a participar. El ajedrez era muy popular en Narnia, desde que Pedro y sus hermanos habían llegado al reinado de aquellas tierras, y se habían convertido en los cuatro mejores jugadores de la región.
--Espero que al ajedrez no jueguen Sus Majestades, porque si no, ganarán todos los torneos -dijo en una de las posteriores reuniones el tejón Cazatrufas-.
Las reuniones siguieron y siguieron, pero sin apenas modificar los resultados conseguidos anteriormente.
Pero un día de aproximadamente un mes después, llegó la idea que verdaderamente haría reflexionar a las cabezas pensantes de la comitiva de consejeros. Un día por la mañana, Lucía daba su habitual paseo matutino, cuando descubrió que algo se movía entre los árboles. Preguntándose qué sería, se acercó sigilosamente para ver más detenidamente el objeto que estaba escondido debajo.
Aunque cuando Lucía llegó ante el extraño, descubrió que no era un objeto lo que se escondía bajo los arbustos, sino el mismísimo león que tantas veces les había ayudado.
--Hola, Aslan -dijo ella al verle-.
--Sabía que vendrías por aquí -dijo Aslan acercándole su hocico-.
--¿Como estás, Aslan? --Espero que más decidido que ustedes, consejeros.
--¿Quieres decir que tienes una idea? -le preguntó Lucía con tono anhelante-.
--La tengo, pero debes venir conmigo junto a tus compañeros de reuniones para que la pueda exponer y la conozcan todos al mismo tiempo. No sería de recibo para ellos que lo supieras tú primero, porque pensarían que tengo algún tipo de favoritismo contigo.
Así que fueron a reunirse con los consejeros para que Aslan pudiera proponer su alternativa. En un momento determinado Lucía dijo: --¿Sabes, Aslan?, creo que aunque no les guste tu idea, la aceptarían de igual manera.
--¿Realmente crees eso? --Totalmente.
--Pues no estaría bien.
--Lo sé, pero es que tú impones mucho respeto.
--Vale, vale, que me pongo rojo.
Y mientras hablaban llegaron junto a ellos, y todos hicieron reverencias a Aslan antes de hacer un círculo en cuyo centro dejaron al propio Aslan para que hablara. Éste, esperó un instante, hasta que todo el mundo estuvo colocado y en silencio y después expuso su idea.
--Bien, como veo que ustedes no se ponen de acuerdo en sus proposiciones yo les pondré otra más sobre la mesa, para que entre ustedes la analicen.
--¿Y cuál es? -preguntó Pedro-.
--Mi idea, señores míos, es la de crear un equipo de un deporte que se practica en el otro mundo y que gusta mucho. Se juega con un balón, y once jugadores se colocan a cada lado del campo. Hay dos porterías con tres postes en cada una; uno de ellos en la parte superior, y los otros dos a los lados...
--Vale, -interrumpió Pedro-, está claro que estás hablando de fútbol.
--Sí, querido Pedro, sí eso es. El fútbol es un deporte muy practicado en otros lugares y mucha gente se reunen en los estadios para ver los partidos.
--Es un verdadero espectáculo -dijo Edmundo-, estoy de acuerdo.
--Creo que una vez vi un... ¿cómo se llama, partido? --Sí -respondió Pedro-.
--Pues yo vi uno y la verdad es que me gustó -dijo Caspian-.
Por primera vez en todo aquel tiempo, por fin parecía que se llegaría a buen puerto o al menos, a juzgar por el entusiasmo de la gente.
--¡Dios mío, Aslan! -exclamó Pedro algo excitado-.
--Paz, Pedro paz -respondió Aslan dándole con la pata en la espalda-, todavía no hemos oído a tus compañeros de consejo, que son quienes al fin y al cabo tienen la última palabra. Por favor, quisiera oír ya la respuesta de sus señorías aunque si lo desean, puedo esperar para que ustedes deliberen al respecto.
--¿Deliberar? -preguntó Edmundo al borde del colapso-, creo, Aslan, que ya lo hemos hecho.
--¿Quieren decir que la respuesta es afirmativa? -quiso saber Aslan-.
--Claro que sí -respondieron todos a una vez.
--Bien, pues entonces ya os podéis poner a buscar voluntarios que quieran formar parte de ese equipo que vais a crear --¿Cuántos somos aquí? -preguntó Caspian a la gente que tenía cercana a él-.
--Ed y yo jugaremos -dijo Pedro-.
--Entonces yo también ¿vale? -preguntó Caspian-.
--Correcto -respondieron Susana y Lucía-.
--¿Yo puedo? -quiso saber un pájaro de un árbol cercano que estaba oyendo todo-.
--No, tú no.
--¿Por qué? --Porque tú eres animal y no puedes jugar -le explicó con calma Aslan.
Tras estos diálogos, todos empezaron a buscar por los bosques gente que estuviera interesada en la idea.
No había ninguna bruja malvada, ni ningún monstruo al que derrotar así que el panorama se presentaba un poco aburrido.
Los bosques estaban tan frondosos y llenos de árboles como siempre, y la paz predominaba en cada esquina de narnia.
Se habían puesto de moda los juegos de cartas (el solitario, el mus, el tute e incluso la escoba) pero los hombres decían que querían algo más. Fue así como nació la primera de las ideas que propuso un cuervo.
--¿Por qué no creamos un equipo de balonmano? Pero no podía ser, porque nadie conocía las reglas, así que no se pudo llevar a cabo.
Por su parte, otros animales proponían cosas como crear un equipo de atletismo o de boxeo, pero la mayoría no estuvieron de acuerdo.
Mientras tanto, la vida continuaba tranquila y apacible, y se organizaban consejos para determinar qué se podía hacer para matar el tiempo. Había muchas refriegas y discusiones e incluso hubo días en que se llegaba a las manos. No obstante, se sabía que tarde o temprano se llegaría a un acuerdo, o al menos, había que hacer todo lo posible por llegar para que el ambiente no se caldeara día tras día.
Uno de los días de reunión un caballo y un enano se enzarzaron en una acalorada discusión sobre si lo mejor era cazar como los hombres o hacer otro tipo de actividades.
--¿Cómo te tengo que decir que cazar sería extraordinario? -decía el enano-.
--Eres un cafre, ¿lo sabías? Si sigues pensando así, acabarás comportándote como un terrible gigante de Arfang, que se come a los hombres.
--¡Ni se te ocurra hablarme así!.
--Te hablaré como crea conveniente, taponazo. Para eso somos un país libre.
--¡Corcel estúpido, jilipollas, pedazo de cabrón, experpento, aguafiestas...
El enano siguió profiriendo insultos de ese calibre y mayores al caballo, hasta que éste descargó toda su ira contra el enano que con la fuerza de una coz recibida, salió volando cual avión a unos veinte metros de distancia del incidente. Tras ello, el enano dejó de hablar al caballo hasta aproximadamente un mes después.
Expulsaron a los dos protagonistas y siguieron con la reunión pero, no se avanzó apenas, porque había tal diversidad de propuestas que ninguna recibía el apoyo suficiente.
El jefe de reuniones, era por supuesto el gran rey Pedro, que era también el que dirigía todos los problemas de Narnia. Tenía que llevar la economía, política y demás historias de Narnia y según decía él era difícil, aun siendo ayudado por Su Majestad el rey Caspian, y los hermanos de Pedro Susana, Lucía y Edmundo.
Al día siguiente del incidente entre el enano y el caballo, se volvieron a tranquilizar las cosas y se siguieron proponiendo alternativas.
--yo propongo -dijo Edmundo-, organizar campeonatos de billar.
--Sí, claro, para ganar tú siempre, ¿verdad? -replicó Susana algo disgustada.
--Yo no jugaría, si así lo queréis.
--¿Y por qué no a los bolos? -propuso Pedro.
--¿Pretendes que nuestra gente practique esa mierda de juego? -preguntó Edmundo-.
--Perdona, pero a mí me gusta la idea de los bolos -dijo Caspian interviniendo por primera vez en toda esa reunión-.
--Pues a mí no -repuso otra vez Edmundo testarudamente-.
--Como sigamos así, nunca encontraremos nada que agrade a la mayoría de esta gente.
--¿Tú propones algo? -preguntó Caspian a Susana-.
--Ajedrez -respondió ella-.
Se ve que esta vez debió dar en el clavo, porque ahora sí que hubo bastante respaldo.
--Sí, a mí me gusta -dijo Lucía-.
--¿Pero sólo eso? -preguntó Pedro-, ¿No os convence entonces lo de los bolos? --¿Qué más quieres, Pedro? --Bueno, pensaba que si solamente pensábamos en organizar campeonatos de ajedrez, nos iba a quedar mucho tiempo libre.
--¿No querrás ocupar todo el tiempo, verdad? --Bueno, sí -respondió Pedro.
Y en fin, la reunión acabó con poco éxito, salvo que se pueda considerar como tal el que varios de los allí presentes hayan estado de acuerdo en practicar aquello del ajedrez.
A los animales también les seducía el ajedrez a pesar de que, claro está, ellos no iban a participar. El ajedrez era muy popular en Narnia, desde que Pedro y sus hermanos habían llegado al reinado de aquellas tierras, y se habían convertido en los cuatro mejores jugadores de la región.
--Espero que al ajedrez no jueguen Sus Majestades, porque si no, ganarán todos los torneos -dijo en una de las posteriores reuniones el tejón Cazatrufas-.
Las reuniones siguieron y siguieron, pero sin apenas modificar los resultados conseguidos anteriormente.
Pero un día de aproximadamente un mes después, llegó la idea que verdaderamente haría reflexionar a las cabezas pensantes de la comitiva de consejeros. Un día por la mañana, Lucía daba su habitual paseo matutino, cuando descubrió que algo se movía entre los árboles. Preguntándose qué sería, se acercó sigilosamente para ver más detenidamente el objeto que estaba escondido debajo.
Aunque cuando Lucía llegó ante el extraño, descubrió que no era un objeto lo que se escondía bajo los arbustos, sino el mismísimo león que tantas veces les había ayudado.
--Hola, Aslan -dijo ella al verle-.
--Sabía que vendrías por aquí -dijo Aslan acercándole su hocico-.
--¿Como estás, Aslan? --Espero que más decidido que ustedes, consejeros.
--¿Quieres decir que tienes una idea? -le preguntó Lucía con tono anhelante-.
--La tengo, pero debes venir conmigo junto a tus compañeros de reuniones para que la pueda exponer y la conozcan todos al mismo tiempo. No sería de recibo para ellos que lo supieras tú primero, porque pensarían que tengo algún tipo de favoritismo contigo.
Así que fueron a reunirse con los consejeros para que Aslan pudiera proponer su alternativa. En un momento determinado Lucía dijo: --¿Sabes, Aslan?, creo que aunque no les guste tu idea, la aceptarían de igual manera.
--¿Realmente crees eso? --Totalmente.
--Pues no estaría bien.
--Lo sé, pero es que tú impones mucho respeto.
--Vale, vale, que me pongo rojo.
Y mientras hablaban llegaron junto a ellos, y todos hicieron reverencias a Aslan antes de hacer un círculo en cuyo centro dejaron al propio Aslan para que hablara. Éste, esperó un instante, hasta que todo el mundo estuvo colocado y en silencio y después expuso su idea.
--Bien, como veo que ustedes no se ponen de acuerdo en sus proposiciones yo les pondré otra más sobre la mesa, para que entre ustedes la analicen.
--¿Y cuál es? -preguntó Pedro-.
--Mi idea, señores míos, es la de crear un equipo de un deporte que se practica en el otro mundo y que gusta mucho. Se juega con un balón, y once jugadores se colocan a cada lado del campo. Hay dos porterías con tres postes en cada una; uno de ellos en la parte superior, y los otros dos a los lados...
--Vale, -interrumpió Pedro-, está claro que estás hablando de fútbol.
--Sí, querido Pedro, sí eso es. El fútbol es un deporte muy practicado en otros lugares y mucha gente se reunen en los estadios para ver los partidos.
--Es un verdadero espectáculo -dijo Edmundo-, estoy de acuerdo.
--Creo que una vez vi un... ¿cómo se llama, partido? --Sí -respondió Pedro-.
--Pues yo vi uno y la verdad es que me gustó -dijo Caspian-.
Por primera vez en todo aquel tiempo, por fin parecía que se llegaría a buen puerto o al menos, a juzgar por el entusiasmo de la gente.
--¡Dios mío, Aslan! -exclamó Pedro algo excitado-.
--Paz, Pedro paz -respondió Aslan dándole con la pata en la espalda-, todavía no hemos oído a tus compañeros de consejo, que son quienes al fin y al cabo tienen la última palabra. Por favor, quisiera oír ya la respuesta de sus señorías aunque si lo desean, puedo esperar para que ustedes deliberen al respecto.
--¿Deliberar? -preguntó Edmundo al borde del colapso-, creo, Aslan, que ya lo hemos hecho.
--¿Quieren decir que la respuesta es afirmativa? -quiso saber Aslan-.
--Claro que sí -respondieron todos a una vez.
--Bien, pues entonces ya os podéis poner a buscar voluntarios que quieran formar parte de ese equipo que vais a crear --¿Cuántos somos aquí? -preguntó Caspian a la gente que tenía cercana a él-.
--Ed y yo jugaremos -dijo Pedro-.
--Entonces yo también ¿vale? -preguntó Caspian-.
--Correcto -respondieron Susana y Lucía-.
--¿Yo puedo? -quiso saber un pájaro de un árbol cercano que estaba oyendo todo-.
--No, tú no.
--¿Por qué? --Porque tú eres animal y no puedes jugar -le explicó con calma Aslan.
Tras estos diálogos, todos empezaron a buscar por los bosques gente que estuviera interesada en la idea.
Introducción
Las aventuras del Narnia F. C.
Con la historia que ahora comenzaré a relatarles intentaré hacerles pasar un buen rato, aparte de hacerles reír un poquito.
Antes de comenzar con el relato, quisiera hacer un par de aclaraciones. Con esta historia no pretendo plagiar ni eclipsar el grandioso trabajo de C. S. Lewis, ni tratar de cambiar la historia de Narnia. Lo único que intento, es pasar un buen rato, dejándome llevar por la imaginación.
Por supuesto, no pretendo hacerme famoso con esta escritura. Tampoco está demás decir que esta historia no será publicada.
Hemos decidido mezclar en la misma historia a personajes de unas épocas con los de otras, para debilitar un poco las barreras del tiempo.
Tras estas aclaraciones, comenzaremos nuestra historia.
Con la historia que ahora comenzaré a relatarles intentaré hacerles pasar un buen rato, aparte de hacerles reír un poquito.
Antes de comenzar con el relato, quisiera hacer un par de aclaraciones. Con esta historia no pretendo plagiar ni eclipsar el grandioso trabajo de C. S. Lewis, ni tratar de cambiar la historia de Narnia. Lo único que intento, es pasar un buen rato, dejándome llevar por la imaginación.
Por supuesto, no pretendo hacerme famoso con esta escritura. Tampoco está demás decir que esta historia no será publicada.
Hemos decidido mezclar en la misma historia a personajes de unas épocas con los de otras, para debilitar un poco las barreras del tiempo.
Tras estas aclaraciones, comenzaremos nuestra historia.
Propósito del blog
El proposito de este blog es pasar un fanfic a Internet en forma de blog
Es un buen fanfic y pienso que debería estar en Internet.
Saludos.
.
Es un buen fanfic y pienso que debería estar en Internet.
Saludos.
.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)